mi compañera de vida

Noa, mi maestra.

La perra que me enseñó que detrás de cada «problema de conducta» hay una emoción esperando ser escuchada.

Mery Calvo junto a Noa, su perra senior, sonriendo en casa
Noa & yo, hoy

En 2013, Noa llegó a mi vida y lo cambió todo.

Cuando la adopté no tenía ni idea de perros, y ella arrastraba muchos problemas emocionales. Entre ellos, la reactividad: cada vez que se cruzaba con otro perro, se abalanzaba a por él.

Nuestros paseos se convirtieron en el momento más tenso del día.

Probé con «profesionales»… y empeoramos.

Pasé por varios que me enseñaron técnicas obsoletas, basadas en el control y la corrección, que solo empeoraban nuestra situación. Noa tenía más miedo, y yo más frustración. Algo no encajaba.

Así que decidí formarme. Y entendí lo que nadie me había explicado:

Noa no se portaba mal. Estaba pidiendo ayuda.

Su reactividad no era el problema: era el síntoma. Debajo había miedo, inseguridad y un sistema emocional desbordado. Cuando empecé a trabajar desde ahí —desde la emoción y no desde el síntoma—, todo cambió.

Ayudé a Noa a superar sus miedos, y en el camino encontré mi profesión y mi propia metodología.

lo que me enseñó

Hoy es una perra senior, tranquila y feliz.

Disfrutamos de paseos en calma y de una vida juntas que un día parecía imposible. Noa sigue siendo mi mejor maestra: cada perro que acompaño lleva un poquito de lo que ella me enseñó.

Quiero esto para mi perro
Mery Calvo trabajando con Noa con un clicker, en calma
en calma, por fin
¿empezamos juntas?

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